miércoles, 9 de marzo de 2011

Un tiempo para olvidar


Esta foto, que encontré en el Mercat Dominical del Llibre de Sant Antoni en Barcelona, hace ya casi 20 años, está fechada en Palma de Mallorca el 21 de enero de 1959. Fue tomada por el fotógrafo López Acosta, según indica el reverso.
En ella todo es obvio y, tal vez, mis torpes palabras entorpezcan la lectura que cada uno haga de ella.

En la foto intuimos lo que parece ser un cabaret, por usar la terminología de la época. Época, todavía, de postguerra y entre las miserias cotidianas, el régimen franquista gozó de dos eventos que le dieron aire. Fue el año que ganó el Premio Nobel de Medicina Severo Ochoa y lo más importante para el gusto de la época: Bahamontes ganó el Tour de Francia. También hubo otra noticia que nos ha marcado hasta ahora y que actualmente es objeto de debate sobre su uso: Franco inauguró el apabullante Valle de los Caídos bendecido por toda la curia eclesiástica.

Pero volvamos a la foto y al cabaret.

Al fondo, como figuras fantasmagóricas, entrevemos la orquesta, pero ellos como en la foto, no eran importantes en el espectáculo. Los clientes iban a ver otros cuerpos.

En el centro, su sitio ideal, vemos a la vedette bailando y levantado con arte los brazos. Intuimos sus lascivos movimientos de caderas. Sonriente, bien lustrosa, de formas generosas muy al gusto de ese tiempo. La foto la estropea la cabeza de un espectador que, seguro, estaba babeando de gusto con tanta abundancia.

Pero, para mi, el verdadero interés de la instantánea son las chicas del coro: escuálidas, feúchas, tristonas, mal vestidas, penosas, con escasa gracia en sus movimientos, grotescas con esos perifollos en la cabeza… Ellas, pobres chicas son, pasado el tiempo, la viva imagen del propio pueblo dolorido y sin pretenderlo, se convierten en el fiel reflejo de un instante, una sociedad y un tiempo para olvidar.

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