Estamos acostumbrados en nuestra época a que el erotismo apenas ya existe en la exposición de los temas narrados y todo se torna sexo explícito. En el cine, por poner un ejemplo, predominan interpretaciones un tanto planas basadas en el simple desarrollo de unos diálogos más o menos ingeniosos. Los gestos suaves, los párpados entornados, las medias sonrisas…, parecen pertenecer a otra época.
La postal que hoy os muestro es un ejemplo del lenguaje gráfico que se usaba en un tiempo no muy lejano, en donde se construían historias con pocos elementos y la imaginación estaba llamada a ser cómplice de lo expuesto.
Vemos en la fotografía a una pareja: él parece que lo único que le importa es ser cariñosos con ella. La chica está con los ojos un tanto traspuestos y en actitud pasiva recibiendo, aparentemente con deleite, las caricias. ¿Pero esto es así realmente? Y es que en la esquina superior izquierda aparece la figura inquietante de una niña. Está ahí, como levitando entre las cortinas, encima de una nube verde, lo que hace que reorganicemos todo lo visionado y nos preguntemos que hace ahí esa figura fantasmagórica y en quién o en qué piensa ella. A él, en cambio, se le ve muy concentrado en su quehacer.
En cualquier caso, no se llegó a popularizar su uso hasta mediados del XX.