martes, 4 de mayo de 2010

Con Alfonso Levy



He compartido una tarde de poesía con el polifacético artista Alfonso Levy. Fue el pasado viernes día 16 de abril de 2010.
Fue presentado por nuestra compañera María Elena Martínez y primera vez el Aula dels Ecriptors del Ateneo de Barcelona se quedó pequeña para escuchar la magia de los versos de Alfonso.

Reproduzco las palabras dichas por María Elena:

"La poesía nace de la luz que se enhebra en el aire, de la voz, de un lejano rumor que no sólo el entendimiento sino lo más íntimo del ser percibe, siente; así, hoy nos encontramos con un poeta cuya voz surge de las raíces espontáneas del espíritu, de la oralidad.
Escuchar la voz, el timbre, la cadencia de las palabras de Alfonso Levy es entrar en comunicación directa, por la puerta grande e inmensa de la poesía. Su voz brota del fuego instantáneo que le dicta la inspiración, el fluir lento y poderoso de los brazos del espíritu, del que se impregna el pensamiento, el ritmo del mundo, la naturaleza.
La palabra es según Alfonso sinónimo del alma, un mismo espacio y tiempo, un piélago ardiente en el que se forma el espíritu, el pensamiento, la construcción del ser. De ahí que la poesía, el verbo, se desarrolle en el contacto, la profunda presión de otros espíritus, en los que habita la inquietud de la cadencia; otras voces, que él desnuda, "hurga", con capacidad casi vidente, glosando y dilatando las palabras de otros escritores.
"La palabra es creadora de vida", y este pensamiento en Alfonso revela el carácter instaurador, fundador, que el verbo, en la misma raíz espontánea e inmediata del habla, edifica. Realidades latentes, ocultas en el alma, forjando el pensamiento, la silueta del espíritu.
"La oralidad tiene esa belleza del fuego (...) y permites que, aparentemente, se pierda, que regrese a las olas originarias (...) es la memoria del corazón", Alfonso alude con estas palabras a esas dos laderas, oral y escrita, a la que su palabra de poeta acude, de manera ardiente y fervorosa. Es a la memoria del espíritu, a la luz de un instante bañado por la belleza de la palabra, a la que acudían los griegos, en un acto silencioso, religioso, de la misma manera con la que seguimos acercándonos los amantes del fuego instantáneo de la palabra, al poder curativo de su consuelo.
Tanto la música como la poesía abrazan siempre la oralidad, una huella de amor indeleble, invisible pero palpable, que un alma dejó impresa para ser recogida como una simiente. Un acto de amor que sólo es escuchado, sentido, si el espíritu del creador ha impulsado la música o la palabra desde el aliento más recóndito del ser. Este es, pues, el hálito invisible, perdurable, que alcanza al corazón del oyente cuando escucha las palabras de un poeta, palabras que escuché a Alfonso ya hace muchos años y que aún siguen resonando en mí con gran pureza.
Desde la ladera de la memoria escrita, los poemas enlazarán la música de la palabra oral, su fuego repentino, una misma cadencia a la que acuden poetas como Alfonso, en su deseo de que el verbo prenda en la mirada del que escucha".



Exposición

Etiquetas

Artículos publicados