
Esta recreación que he realizado en acuarela de la obra de Plinio Nomellini "El Fuego", representa a Prometeo, hijo de Japeto según la mitología griega. Prometeo, dio forma a los hombres, les infundió conciencia y les transmitió voluntad de trabajar y vencer a la naturaleza.
Solo deberán desconocer el fuego según voluntad de Zeus, pero Prometeo, el gran benefactor de género humano, roba el fuego del carro del sol con el tallo de una cañaheja y se lo entrega a los hombres. Ahora conocen el secreto y poco les diferencia de los dioses.
Zeus monta en cólera y ordena a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla (Pandora). Zeus le infunde vida y la envía por medio de Hermes a Epimeo, el hermano de Prometeo, junto a la jarra que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quiere castigar a la humanidad.
A Prometeo lo condena llevándolo al Caucaso, donde es encadenado por Hefesto con la ayuda de Bia y Cratos. Zeus envia un aguila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se coma el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche. Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides, le liberó disparando una flecha al águila.
Marcho, de nuevo, unos días de viaje, por lo que nos reencontraremos en los primeros días de diciembre, si todo marcha según lo previsto.
Abrazos mil.
Acuarela y texto: © Felipe Sérvulo
Mi obra gráfica: Artelista