A las nueve de la mañana se inició el desembarco, recibiendo en todo momento muestras de apoyo y alegría de una masa ingente de chilenos que ocupaban los muelles con bandas de música, pancartas y cánticos.
Después de almorzar, a las 15 horas embarcaron en un tren especial que les iba a llevar a Santiago. El viaje de alrededor 150 kilómetros debía durar 2 ó 3 horas como máximo, pero llegó a su destino a las 20.30 debido a las manifestaciones de afecto que les dispensaban miles de chilenos por todas las estaciones que pasaban. Al llegar a la estación de Mapocho, en Santiago, según testimonio de Jesús del Prado:
El recinto ferroviario estaba repleto de miles de personas. Había racimos humanos encaramados hasta en las farolas que iluminaban la estación, y nos aplaudían dándonos la bienvenida. Cantaban nuestras canciones, la banda de música que allí había tocaban aires alegres. Al bajar del tren se nos vino encima una avalancha de personas desconocidas que nos abrazaban y prácticamente nos arrebataban las maletas.
Al salir de la estación un español, un hombre que yo había visto pelear en la guerra, lloraba como un niño. Le pregunté ¿Qué le pasa? ¿Por qué llora? y él me respondió: ¡Cómo no voy a llorar, si aquí nos reciben como a héroes, y hasta hablan castellano! Ese hombre había estado, después de la guerra, en un campo de concentración en Francia.
Sobre las consecuencias que tuvo para España y para Chile, el país de acogida, según palabras de Julio Gálvez Barraza:
Jamás hubo un derroche de talentos de tal naturaleza como la experimentada en España durante y al término de la guerra civil. Los españoles libres y pensantes de esa época, tuvieron sólo dos alternativas: La de enmudecer allí para siempre o adherirse al nuevo régimen o emprender el camino del éxodo e intentar desarrollarse en otra tierra. Chile, entre otros pocos países, fue, para una parte de esos librepensantes, la tierra prometida y el país tuvo la inmensa fortuna de recibir a parte de ese admirable éxodo.
El recinto ferroviario estaba repleto de miles de personas. Había racimos humanos encaramados hasta en las farolas que iluminaban la estación, y nos aplaudían dándonos la bienvenida. Cantaban nuestras canciones, la banda de música que allí había tocaban aires alegres. Al bajar del tren se nos vino encima una avalancha de personas desconocidas que nos abrazaban y prácticamente nos arrebataban las maletas.
Al salir de la estación un español, un hombre que yo había visto pelear en la guerra, lloraba como un niño. Le pregunté ¿Qué le pasa? ¿Por qué llora? y él me respondió: ¡Cómo no voy a llorar, si aquí nos reciben como a héroes, y hasta hablan castellano! Ese hombre había estado, después de la guerra, en un campo de concentración en Francia.Sobre las consecuencias que tuvo para España y para Chile, el país de acogida, según palabras de Julio Gálvez Barraza:
Jamás hubo un derroche de talentos de tal naturaleza como la experimentada en España durante y al término de la guerra civil. Los españoles libres y pensantes de esa época, tuvieron sólo dos alternativas: La de enmudecer allí para siempre o adherirse al nuevo régimen o emprender el camino del éxodo e intentar desarrollarse en otra tierra. Chile, entre otros pocos países, fue, para una parte de esos librepensantes, la tierra prometida y el país tuvo la inmensa fortuna de recibir a parte de ese admirable éxodo.
Aún cuando el Chile de 1939 estaba gobernada por el Frente Popular encabezado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda, la ceguera y la insolidaridad de algunos políticos, que se opusieron a la entrada de intelectuales o profesionales, fue uno de los principales obstáculos que impidió una inmigración más numerosa y un
mayor aporte de experiencias y conocimientos de esos refugiados. Pero estas limitaciones no fueron suficientes. Lo cierto es que el pasaje del Winnipeg no se nutrió de intelectuales. La inmensa mayoría la constituían campesinos, obreros calificados, pescadores que mucho contribuyeron al "despegue" chileno de la época. Pero no es menos cierto que gracias a la porfía de Neruda, que embarcó a varios trabajadores del intelecto y gracias al posterior desarrollo en Chile de los hijos de esos viajeros, apenas unos niños en el año 1939, se transmigró también un poco del conocimiento, de la cultura y de la inteligencia que perdió España tras la catástrofe y el posterior éxodo.
mayor aporte de experiencias y conocimientos de esos refugiados. Pero estas limitaciones no fueron suficientes. Lo cierto es que el pasaje del Winnipeg no se nutrió de intelectuales. La inmensa mayoría la constituían campesinos, obreros calificados, pescadores que mucho contribuyeron al "despegue" chileno de la época. Pero no es menos cierto que gracias a la porfía de Neruda, que embarcó a varios trabajadores del intelecto y gracias al posterior desarrollo en Chile de los hijos de esos viajeros, apenas unos niños en el año 1939, se transmigró también un poco del conocimiento, de la cultura y de la inteligencia que perdió España tras la catástrofe y el posterior éxodo.Si tenemos que hablar del aporte, de todo orden, de los refugiados españoles al desarrollo del país que los acogía, no podemos circunscribirnos solamente a los pasajeros del Winnipeg, nombre mítico que, por otra parte y con todo merecimiento, se ha convertido en un símbolo de la inmigración española a Chile. La diáspora española comenzó antes del 3 de septiembre de 1939, fecha de la llegada del barco al puerto de Valparaíso, y continuó hasta finalizar la década del 40. Bien es cierto que, nunca antes, -ni después- del arribo del Winnipeg, fue en un conjunto organizado tan numeroso.
Al principio, los refugiados, tenían en su fuero interno la esperanza de que se produjera un cambio rápido en la situación política de España que les permitiría volver pronto a su patria. Más tarde, con la derrota del nazismo, pensaron que los aliados les ayudarían y que el derrocamiento de Franco iba a ser cosa de pocos meses. Pero pasaron los años y es de sobra conocida la postura que fueron adoptando las potencias vencedoras sobre el régimen.Los refugiados, por este motivo, se fueron integrando cada vea más en el país de acogida. Los viajeros se fueron separando entre sí hasta casi no relacionarse entre ellos y la mayoría nunca más volvieron a España, pero Pablo Neruda, como alguien dijo, había escrito un poema en el Atlántico.
Texto: © Felipe Sérvulo
Texto: © Felipe Sérvulo
Las penúltima foto corresponde al escritor Julio Gálvez Barraza, autor de un excelente libro en el que habla del poeta y de la especial relación que tuvo con España titulado "Neruda y España".
Vídeo de Julio Gálvez
Ficha del libro
Comentario del libro
Vídeo de Julio Gálvez
Ficha del libro
Comentario del libro






















10 comentarios:
Gracias por darme a conocer esta gratificante historia que desconocía.
La verdad es que el hombre es capaz de lo peor y de lo mejor.
Un abrazo.
Mi abuelo llegó a Chile en el Winnipeg cuando tenía sólo 22 años. No lo conocí; murió con 28, a causa de una afección cardiaca congénita que se vio seriamente agravada durante la guerra (la humedad, la mala alimentación y otras penurias para mí inimaginables). A penas alcanzó a conocer a mi madre y a sus dos hermanas.
Veo estas fotos y no puedo evitar pensar que tal vez uno de esas siluetas sea la de él.
Mi abuela, mi madre y mis tías se quedaron en Chile tras la muerte de mi abuelo, y vivieron allí hasta el 73. Hasta que llegó otro canalla, otro asesino, que ocasionó, esta vez en el pueblo chileno, un éxodo similar al español.
Neruda murió de tristeza, pocos días después del golpe militar de derrocó a Salvador Allende.
Anónimo:
Aunque no me gusta contestar por aquí, no me has dejado otra solución. Sólo quiero darte las gracias por tu testimonio.
Un abrazo.
Un saludo, y muy grata tu visita por mi casita.
Nos leemos.
Abrazos
Soy mucho más de prosa que de poesía. Incluso, la prosa poética no es tan amable como sí lo es la prosa.
Hasta la plabra, PROSA, es única.
Me quedo aquí.
A leer, desde luego.
Un abrazo.
Qúitame el pan, si quieres
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
Muchas gracias por añadir mi blog
a tus recomendaciones.
QUE PASES UNA MUY BUENA SEMANA SANTA.
SALUDOS Y HASTA LA VUELTA
Cuando se lee una historia como esta, y se comprueba con cuanto afecto y entrega fueron recibidos en Chile aquellos españoles que no tuvieron otra salida que emigrar, no puedo por menos que pensar en si somos nosotros igual de generosos. Como muy bien dices, entre los españoles no eran todo intelectuales, sino trabajadores, campesinos, pescadores, gente común. Deberíamos tener todo esto muy presente para recibir nosotros en la actualidad a quienes vienen de allí por motivos económicos con el mismo afecto y reconocimiento. Besos, querido amigo y felices vacaciones.
Creo que somos varios los que estamos esperando actualización por parte del Sr. Sérvulo.
Ya lo ve, don Felipe, eso le pasa por escribir tan bien.
Cuente con un lector más. Esta entrada en particular me ha llegado al corazón, al tiempo que me ha enrojecido la cara de vergüenza propia y ajena. Es fácil ponerse a hacer analogías entre estos hechos pasados y el presente; diría que inevitable. Me temo que en la comparación salimos perdiendo como sociedad, ya que nosotros toleramos, pero no acogemos. Debido a ello, no nos enriquecemos del aporte cultural que recibimos.
Y no hace falta ser un intelectual para aportar algo a la cultura de una sociedad. El idioma, la gastronomía, las costumbres, no emanan de las academias ni de los liceos, sino del pueblo; y es el pueblo el que lo esparce allá donde vaya. Triste del pueblo que no recoja el fruto de lo que los viajantes van sembrando en su camino.
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