
En la Calle Obispo Irurita, en pleno Barrio Gótico de Barcelona, encontramos este puente que se ha convertido en uno de los símbolos del lugar. De estilo neogótico, fue edificado en 1929 uniendo dos edificios de la Generalitat de Cataluña.El obispo Irurita, natural de Navarra, fue fusilado durante la Guerra Civil y sus restos están enterrados en la capilla del Cristo de Lepanto de la Catedral de Barcelona. Tanto su muerte como el posterior intento de beatificación, no ha estado exento de polémica en la vida política catalana actual. Enlace relacionado:
Arco Monjüich del BisbeAcuarela y texto: © Felipe Sérvulo
En la última exposición que Josep Royo hizo en Castelldefels (ciudad próxima a Barcelona, donde ambos vivimos), en la presentación que tuve el honor de hacer, dije que mucho me temía que fuera nuestro particular transmisor de una época que está acabando. Para ello recordé la novela de ciencia ficción de Ray Bradbury Fahrenheit 451, en ella, Bradbury describe una sociedad en la que los libros han sido prohibidos y los bomberos en lugar de apagar incendios, queman bibliotecas y ajustician a quienes se atreven a leer. El autor muestra una metáfora de una sociedad en donde las prisas y las ocupaciones, hace que temas como la poesía o la filosofía, queden fuera del interés general por culpa de un Estado que quiere controlarlo todo y unos medios de comunicación alienantes que impiden razonar. De esta forma, dice el gobierno ideado por Bradbury, los hombres son felices, porque no piensan. Un bombero-incendiario disidente descubre que existen personas que se aprenden de memoria los libros más importantes que han sido escritos y estos, a su vez, los transmiten a niños para que no los pierda la Humanidad. Son los llamados hombres-libros. Fahrenheit 451 escrita en 1953, en los orígenes de la guerra fría, transciende de su espacio temporal y nos evidencia una triste realidad. Josep Royo es dibujantes de tebeos, palabra que a muchos de los lectores, quizás, ni le suene, para ello les traigo el título de una obra de Antoni Guiral que les clarificará la cuestión: Cuando los comics se llamaban tebeos. En ella Antoni hace una crónica del nacimiento de este género, su singladura y su posterior reconversión en otros productos que, a su vez, han ido cediendo el paso al celebérrimo Manga. Josep nació en Barcelona, vive desde 1967 en Castelldefels y ha trabajado durante muchos años en Bruguera.

Nuestro protagonista, Josep, hace de hombre – tebeo en una época tan poco estimulante como la actual y que tantas similitudes tiene con la ideada por el novelista. Periódicamente nos dice con sus divertidas exposiciones que hay valores que perviven, porque hay personas como él que los aman y, afortunadamente, nos los transmiten al resto de mortales. Aunque muchas veces la vida no es justa - como es el caso de Royo - y no se alcance el reconocimiento social que se merece. Sus acudits (chistes) los ha expuesto en multitud de sitios: casas de cultura, el cine Savoy, la Sala Velasco… la última en el vestíbulo del Hospital de Bellvitge de Barcelona (lo que no deja de ser un sano ejercicio de higiene mental). De cualquier manera, los que vivimos en Castelldefels y tenemos la suerte de conocerle, podemos compartir con él un café y su chispa. Ojalá podamos hacerlo durante muchos años.
Texto: ©Felipe Sérvulo
Imágenes: ©Josep Royo. Todos los derechos reservados
Josep Royo en la actualidad en Castelldefels, lugar donde reside
Compartiendo tertulia y café con el autor de esta bitácora
Con su amigo Francisco Ibáñez,
creador de tantos personajes