El día 10 de marzo de 2006, Marie-Alice Korinman fue nombrada presidenta de la asociación literaria El Laberinto de Ariadna. Sus compañeros querían reconocer su esfuerzo en pro de la cultura en Castelldefels y muy especialmente en el campo de la poesía. Marie-Alice era poeta, novelista y pintora, nacida en Francia aunque hacía más de veinte años que residía en España. Entre otros muchos premios obtenidos a lo largo de su vida, en 2002 la Académie Européene des Arts de France le otorgó la Medalla de Oro por el conjunto de su obra poética.Pronto hará un año, en las puertas de la Semana Santa, nos llegó la triste noticia de su fallecimiento.
Hablar de Marie Alice Korinman en estos momentos, hablar de su vida y de su obra, no puede ser un panegírico al uso. La mejor forma de tenerla siempre entre nosotros es sentirla a través de sus versos, de sus cuadros… recordarla en su espiritualidad, en su valentía y en su dignidad ante la vida, alejada de dogmatismos, en la certeza de saber que existencia y obra forman, por encima de todo, una sola cosa. Como ella nos decía con sus propias palabras: Tiras al arco / La diana es el mundo / Tú te afanas / Tiras al mundo / Y la diana eres tú / Das la espalda / Tiras a diana / Te apuntas el arco / Eres el mundo.
También en su búsqueda del “ser” aplicando las posibilidades que, como hombres - el propio ser humano en el vértice - nos ha dotado la naturaleza y empapando, como lluvia vivificadora, su quehacer artístico: Todas las pieles / Todos los cuerpos vivos / Salmodian cantos / Cerezo interno / Efímera floración / Vencer el polen / Atráeme tú / Lava el horizonte / La piel exhausta.
Ella se sabía artista irremediable. De aquellas que configuran “su” existencia combinando el mundo real con el cosmos onírico para aprehenderlo, para asimilarlo en lo más íntimo, desdeñando fronteras o ideologías y consagrándole lo mejor de ella: su propia espiritualidad, a pesar de que, como persona, le asaltaban, como a todos, la incertidumbre: No te alejes / Me abriste camino / Guía mi hambre / Esta herida / Que la cierren los astros / No el olvido / Cómo discernir / Oruga y gusano / ¿Cuál de ellos soy?.El poeta Carles Duarte había dicho de ella: En la poesía de Korinman la palabra se hace sublime y adquiere una inagotable fuerza creadora. Con ella atravesamos el umbral de lo aparente para adentrarnos en el territorio de lo íntimo, de lo invisible.
También son clarificadoras, desde la complicidad de la feminidad, las palabras de Teresa Costa-Gramunt: Marie–Alice, desde la laicidad propia del siglo XX y del siglo XXI, nos describe, a través de sus versos, lo sagrado de su camino interior. Lo ha venido haciendo desde un principio, desde su primer libro, atreviéndose a dejar a la intemperie sus dudas, sus certitudes, sus transformaciones alquímicas, su búsqueda espiritual, su espera y anhelo en la fusión amorosa. Sus palabras, sus imágenes (sus visiones) brotan de la fuente más íntima, como joyas preciosas en bruto que ella irá puliendo hasta hacerlas centellear como el rayo divino.
También en su búsqueda del “ser” aplicando las posibilidades que, como hombres - el propio ser humano en el vértice - nos ha dotado la naturaleza y empapando, como lluvia vivificadora, su quehacer artístico: Todas las pieles / Todos los cuerpos vivos / Salmodian cantos / Cerezo interno / Efímera floración / Vencer el polen / Atráeme tú / Lava el horizonte / La piel exhausta.
Ella se sabía artista irremediable. De aquellas que configuran “su” existencia combinando el mundo real con el cosmos onírico para aprehenderlo, para asimilarlo en lo más íntimo, desdeñando fronteras o ideologías y consagrándole lo mejor de ella: su propia espiritualidad, a pesar de que, como persona, le asaltaban, como a todos, la incertidumbre: No te alejes / Me abriste camino / Guía mi hambre / Esta herida / Que la cierren los astros / No el olvido / Cómo discernir / Oruga y gusano / ¿Cuál de ellos soy?.El poeta Carles Duarte había dicho de ella: En la poesía de Korinman la palabra se hace sublime y adquiere una inagotable fuerza creadora. Con ella atravesamos el umbral de lo aparente para adentrarnos en el territorio de lo íntimo, de lo invisible.
También son clarificadoras, desde la complicidad de la feminidad, las palabras de Teresa Costa-Gramunt: Marie–Alice, desde la laicidad propia del siglo XX y del siglo XXI, nos describe, a través de sus versos, lo sagrado de su camino interior. Lo ha venido haciendo desde un principio, desde su primer libro, atreviéndose a dejar a la intemperie sus dudas, sus certitudes, sus transformaciones alquímicas, su búsqueda espiritual, su espera y anhelo en la fusión amorosa. Sus palabras, sus imágenes (sus visiones) brotan de la fuente más íntima, como joyas preciosas en bruto que ella irá puliendo hasta hacerlas centellear como el rayo divino.
Texto:© Felipe Sérvulo